Blog Marian

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La semana pasada me desperté con la noticia: “La influencer italiana Chiara Ferragni dispara a las empresas en Bolsa”. OMG!! (Oh My God para quienes no conocéis la expresión).

Chiara Ferragni, la creadora del Blog de moda “TheBlondeSalad”, una diosa del universo Instagram con sus casi 25 millones de seguidores, catalogada por Forbes como la mayor “influencer” de moda del mundo en 2017… Pues sí, esa diosa parece que convierte en oro todo lo que toca.

Ella de por sí ya es una marca y muy potente, pero es que además es CEO de sus dos compañías: TBS Crew (que gestiona la plataforma de moda de su blog) y Chiara Ferragni Collection (su tienda de moda) y desde hace un tiempo se está planteando “romper la pana” saliendo a Bolsa.

Bueno, pues estos días ha sido noticia porque se ha convertido en un talismán en Bolsa para todas aquellas empresas con las que hace colaboraciones: que colabora con una firma de gafas (Safilo), pues se dispara en Bolsa un 14%. Que la conocida marca de calzado TOD’s anuncia la entrada de Chiara en su junta directiva, pues sube un 9% en Bolsa… Y así suma y sigue.

Lo de esta chica no es de este mundo: a sus 34 años se calcula que gana entre 52.000 y 100.000 euros por cada post publicado en Instagram. ¡No me lo puedo ni siquiera imaginar! Con todo lo que yo escribo, a ese precio ya sería multimillonaria…

En fin, bajemos al planeta Tierra para analizar qué está pasando con la Ferragni. Como ya os he comentado, las marcas se la rifan. ¿El motivo? Su horda de seguidores. Imaginaros que tenéis una tienda de bolsos personalizados y de repente Chiara Ferragni se hace una foto con uno de esos bolsos porque le flipan. Pues sin comerlo ni beberlo tendríais a 25 millones de posibles clientes.

Así de sencillo: es el poder de la influencia en Redes Sociales el que ha hecho de esta señorita un fenómeno potentísimo por el que todo el mundo la quiere. Y ella, claro está, le pone precio.

Pero no perdamos de vista a las nuevas generaciones, porque vienen pisando fuerte… Addison Rae a sus veinte añitos, ya tiene casi 85 millones de seguidores en TikTok y 40 más en Instagram. Pensad en el poder que tiene siendo tan joven.

Todo esto está genial, pero… ¿Qué pasaría si la llama se fuese apagando? ¿Qué ocurrirá cuando su poder de influir en otras personas vaya decayendo? Siempre habrá alguien más joven, más innovador/a, más fresco/a.

Se trata de personas muy jóvenes que amasan imperios económicos incontrolables por ellas mismas. Yo os diré qué puede pasar:

Si han sido previsoras y han sabido gestionar bien su patrimonio a través de profesionales en la materia, probablemente no perderán el sueño por problemas de falta de dinero.

Pero… ¿Y si son incapaces de gestionarlo? En el mundo tanto de la moda como artístico en general, conocemos muchos casos de personas que mueren de éxito y el final de sus días lo pasan viviendo de recuerdos rodeados de miseria y olvido.

La expresión “Morir de éxito” existe por algo. Significa que en el momento en que las cosas van “como un tiro”, no se saben gestionar o no se asume la responsabilidad que ello conlleva y se cae en el más absoluto de los fracasos.

¿Se puede hacer algo para evitarlo? ¿O se pierde totalmente la perspectiva? Caer en esa espiral sería muy peligroso. Ante una situación que te desborda, lo mejor es:

  • Mantener la calma. El estrés, el miedo y la ansiedad te bloquean. Si consigues dominarlos, obtendrás la perspectiva necesaria para poder analizar la situación y tomar buenas decisiones.
  • Rodearte de profesionales. A veces las situaciones que se nos presentan, nos desbordan. Si eso ocurre, lo mejor es acudir a profesionales del mundo financiero que sepan cómo gestionar tu dinero. Tampoco está de más acudir a psicólogos, terapeutas, o profesionales del sector del autocuidado para que te ayuden a gestionar todas esas emociones que te superan.
  • Aprender a disfrutar del camino. De nada sirve una buena idea si no la trabajas constantemente, pero no debes permitir que el trabajo mate tus momentos de ocio. A nuestro cerebro le va de perlas que descansemos, riamos, lo pasemos bien.

El día que la muerte te mire, que vea en tus ojos a un disfrutón/a: ese será tu triunfo.

 

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Ayer estuve escuchando una de mis canciones favoritas de todos los tiempos: “Under Pressure” de Queen y David Bowie… ¡Casi nada! Y pensé que sería un buen título para lo que quiero contaros.

Vivimos una situación económica complicada agravada por esta pandemia a la que no vemos un fin cercano. Con casi medio millón de personas en ERTE y muchos negocios cerrados, las llamadas “colas del hambre” están cada vez más concurridas.

Hay hogares españoles que sufren verdaderas tragedias a nivel económico, pero no importa ir a casos extremos. Basta echar un vistazo al panorama para darnos cuenta de que pese a que intentamos remontar, reinventarnos, seguir avanzando, la verdad es que las circunstancias que nos rodean no nos lo están poniendo nada fácil.

Y todo esto… ¿En qué se traduce? Las presiones económicas a las que nos estamos viendo sometidos/as, empiezan a pasarnos factura. En muchos casos nuestros ingresos han disminuido, pero los gastos no lo hacen en la misma proporción.

Seguimos teniendo que afrontar los mismos gastos (hipoteca, alquiler, suministros, etc) con menos ingresos y esa presión nos lleva a lo que se conoce como “estrés financiero”.

¿Qué es el estrés financiero?

El estrés financiero es el resultado de la reacción humana ante la amenaza a su estabilidad económico-financiera. Nos lleva a una situación de presión y angustia ante una situación económica dominada por la incertidumbre.

Según datos de la Asociación Americana de Psicología, el 62% de los episodios de estrés están ocasionados por problemas financieros, afectando tanto a jóvenes como a adultos.

¿Cómo nos afecta el estrés financiero?

La falta de sueño y el agotamiento inciden negativamente en nuestro rendimiento laboral. La ansiedad también provoca que seamos menos productivos/as en nuestro trabajo.

Además el estrés desencadena una serie de reacciones en nuestro cerebro que afectan al proceso de toma de decisiones. ¿Consecuencias? Al no estar en tu mejor momento, las decisiones que tomes con respecto a tu dinero no serán las más acertadas: incrementar tu deuda por pedir más crédito del que puedes afrontar, invertir tus ahorros sin una planificación adecuada…

Pero es que el estrés financiero también repercute negativamente tanto en tu salud (enfermedades cardiovasculares o infecciosas) como en tus relaciones de pareja o con tu familia y amigos/as.

¿Qué podemos hacer para afrontarlo?

Os dejaré algunos consejos que espero os ayuden a gestionar de la mejor manera posible ese estrés:

  1. Intenta mantener la calma. Si ves que los problemas empiezan a agobiarte, procura relajarte. Respira hondo, practica meditación… Hoy en día existen múltiples técnicas anti-estrés que te ayudarán a serenarte.
  2. Toma conciencia de tu situación. Desde la calma, construye un mapa que te permita ver cuál es tu situación actual: tus ingresos, tus gastos habituales, las deudas que hayas podido contraer, etc.
  3. Traza un plan de contingencia que te permita controlar tus finanzas. Sólo desde una buena organización y planificación financiera, podrás empezar a controlar tu dinero. Si no sabes cómo hacerlo, acude a expertos que te ayuden.
  4. Adquiere buenos hábitos. En esta situación es fundamental mantener hábitos saludables. Hacer deporte y cuidar tu alimentación te permitirán sentirte mucho mejor contigo mismo/a.
  5. Una vez que tengas a raya tus finanzas, empieza a generar capacidad de ahorro. Ese ahorro te proporcionará la tranquilidad que necesitas. Además puedes ponerlo a trabajar y conseguir un “dinerillo” extra.

Sé lo que estás pensando: “Si no tengo dinero ni para afrontar mis gastos… ¿Cómo voy a pensar en ahorrar? No te agobies: vayamos paso a paso. Se trata de averiguar dónde estás y dónde quieres estar para trazar ese plan que te ayude a conseguirlo.

Vivir bajo presión no te ayuda y puedo asegurarte que liberarte del estrés financiero mejora mucho tu calidad de vida.

Por todo ello, deja de amargarte y apúntate el movimiento “Rock your Money”!! No hay nada mejor que “ponerse manos a la obra” ya. Te espero…

 

 

 

 

 

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Esta pandemia nos ha pillado a todos por sorpresa. El otro día en un programa de televisión comentaban que entre el Covid-19 y la gran nevada ya sólo faltaba que aparecieran los jinetes del Apocalipsis…

Llevamos un año duro y lo peor es que no terminamos de ver la luz al final del túnel. Son muchos los negocios que se verán obligados al cierre, pero yo quiero hablar de un sector que a mí como cantante, me toca la fibra: el sector de la música.

La música además de estimular nuestro cerebro desde antes de nacer, forma parte de nuestras vidas: nos hace recordar momentos especiales, nos reconforta cuando estamos de bajón, nos ayuda a relacionarnos, etc. De hecho la palabra persona tiene raíces latinas. Está formada por dos vocablos: per y son, que significan “el sonido pasa a través de”.

Esta crisis global ha supuesto un parón sin precedentes en el sector musical. De hecho en nuestro país, el 2020 ha cerrado con pérdidas de 1.000 millones de euros (pérdidas directas a las que deben sumarse unos 7.000 euros más de indirectas). A eso habría que añadir la suspensión de 25.000 conciertos.

Son muchas las familias que se verán afectadas, porque cabe recordar que un concierto no lo forman sólo los músicos que actúan en directo. Detrás hay muchísimo trabajo que afecta a su vez a muchos otros sectores.

Imaginemos por ejemplo un macro festival como el Mad Cool de Madrid. ¿Sabéis la infraestructura que se necesita para montarlo? Transporte, montaje de escenario, camerinos, baños; catering, técnicos (iluminación, sonido), bebida, camareros/as para barras, personal de seguridad y mantenimiento, mobiliario, cobertura del evento a través de medios de comunicación (uso de cámaras y drones), personal para taquillas, empresas de merchandising, etc, etc…

Las salas de conciertos también están en la cuerda floja. Con aforos limitados, cierres temporales (según evolucione la pandemia). Las pérdidas en este sector rondan los 120 millones de euros, sin contar que la mayoría de trabajadores de estas salas se encuentran afectados por un ERTE desde que se inició el confinamiento en marzo.

También los productores musicales han sufrido cuantiosas pérdidas. Según Promusicae, la industria discográfica española ha perdido más de 100 millones de euros como consecuencia de la pandemia.

A eso hay que sumar el parón que hemos sufrido los artistas. Pese a que hayamos dedicado nuestro tiempo a componer o grabar temas nuevos, a nosotros lo que realmente “nos pone” es compartir nuestra música en directo, con nuestros fans, con las salas llenas de gente coreando los temas y moviéndose al ritmo de tus canciones. Y eso, por ahora, no es posible.

Es muy importante intentar, pese a todo, ser positivo/a. Pensar que esto es pasajero, que las redes sociales han hecho posible que mantengamos el contacto con nuestros fans (algunos/as han tenido que trabajar a tope su empatía para seguir conectados con su gente).

Este período nos ha servido para recapacitar, para hacer planes pensando en montar algo que sea “la leche”.

Cuando todo se normalice, ayudadnos. Prometemos recompensaros de la mejor manera que sabemos: haciéndoos vibrar.

Please… Don’t stop the music!

 

 

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Dynamite es el título del primer sencillo en inglés del grupo de K-Pop coreano BTS. Desde su estreno el pasado 20 de agosto, lleva ya más de 360 millones de reproducciones en Youtube: todo un fenómeno mundial.

Esta boyband es pura dinamita. Desatan la locura entre el público joven con sus canciones pegadizas acompañadas de una imagen de lo más cool.

Desde su nacimiento en el 2013, los BTS no han parado de generar dinero y claro, eso se convierte en un mar de infinitas posibilidades para seguir engrosando la hucha. Por este motivo, el K-Pop coreano ha dado un paso más: la empresa Big Hit Entertainment (que está detrás de BTS) ha decidido que es el momento de salir al parqué.

El debut en Bolsa empieza bien para estos chicos, ya que cada uno de los integrantes del grupo más famoso de este género musical, será obsequiado con un paquete de acciones valorado en unos 6,5 millones de euros. Será la mayor salida a Bolsa en Corea del Sur de los últimos tres años (unos 7,13 millones de acciones de 75 a 96 euros por acción).

Las inversiones financieras y la música están más unidas de lo que pensáis. De hecho es un negocio más que puede proporcionar algunas alegrías a quienes decidan lanzarse a por él.

Existen varios ejemplos. Uno de ellos sería el Fondo de Inversión Hipgnosis Songs que cotiza en la Bolsa de Valores de Londres desde el 2018. En marzo evidentemente cayó en picado, pero vuelve a dar beneficios.

Detrás de Hipgnosis Songs se esconde su creador Merck Mercuriadis que fue representante entre otros de Beyoncé, Iron Maiden o Guns N’Roses… ¡Casi nada! El Fondo invierte en canciones de éxito y los derechos de propiedad asociados a éstas.

¿Su secreto? Según Mercuriadis siempre se consume música. Tanto cuando se celebra algo, como para superar tiempos difíciles como el momento actual que vivimos. Cuanta más música se consuma, mayores beneficios obtienen.

La empresa de inversión americana Shamrock Capital anunció en julio de este año el próximo lanzamiento de un fondo que también adquirirá derechos de autor de canciones, compitiendo directamente con el ya existente Hipgnosis Songs.

Y es que como veis, la industria musical, pese al parón de los conciertos en vivo, sigue generando beneficios por otras vías: derechos de autor, consumo a través de plataformas digitales (como Spotify), etc.

La música es pura dinamita y algo necesario en nuestras vidas. ¿Sabíais que la palabra “persona” proviene del latín “per son”? ¿Y que “per son” significa “el sonido pasa a través de”? Nuestras vivencias muchas veces tienen banda sonora propia y eso es algo que ni siquiera se escapa a los grandes inversores.

Los chicos de BTS en su último éxito cantan eso de “I’m diamond, you know I glow up” (“Soy un diamante, sabes que resplandezco)”. La música es y siempre será ese pequeño diamante que nunca dejará de brillar.

 

 

 

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En los 90 el archiconocido grupo AC/DC cantaba eso de “Come on, come on listen to the moneytalk” (“Vamos, vamos, escucha la charla del dinero”). Con él suelo abrir algunos de mis cursos porque me encanta y me va “de perlas” para introducir temas que tengan que ver con las finanzas.

Y es que la música y el dinero están estrechamente relacionados. Al margen de las historias acerca de cantantes o grupos sumidos en la ruina más absoluta por no saber manejar sus finanzas, lo cierto es que la industria musical puede darnos lecciones sobre economía bastante interesantes.

El mayor quebradero de cabeza en la industria musical es cómo monetizar un disco en una época en la que consumir música es prácticamente gratis.

Lejos quedan ya los días en que los músicos vivían prácticamente de sus ventas de discos (en formato cassette, vinilo o CD). De un tiempo a esta parte, cualquiera de nosotros puede acceder a nuestros temas favoritos de manera gratuita o a precio irrisorio. ¿Cómo? A través de plataformas de streaming como Spotify.

El streaming permite que cualquier persona en cualquier parte del mundo pueda escuchar su música favorita a coste cero.

Actualmente gran parte de los ingresos de los músicos proviene de sus actuaciones en vivo. Aquí cito a Alan Krueger, quien fue asesor económico del expresidente Obama y su más que recomendable libro (disponible sólo en inglés) titulado “Rockonomics”. Krueger cita en su libro a Paul MacCartney como ejemplo de lo dicho anteriormente: el 80% de sus ingresos provienen de sus conciertos en vivo. Ya os podéis imaginar, el descalabro económico que el Covid-19 está causando en el gremio.

Razones más poderosas que la adrenalina hacen que artistas no ya tan jóvenes continúen “dando guerra” sobre sobe los escenarios (para disfrute de muchos). Muchos de ellos sin ni siquiera aportar nuevo material. ¡Los fans quieren escuchar los clásicos de siempre!

Otra de las fuentes de ingresos de los músicos son sus negocios complementarios. Muchas de las grandes estrellas tienen negocios paralelos que les proporcionan una buena cantidad de dinero.

Os puedo poner unos cuantos ejemplos. Rihanna es una de las artistas musicales más ricas del mundo según la revista “Forbes”. Hace más de 4 años que no saca un disco, sin embargo sus firmas de moda y cosméticos están logrando alcanzar un gran éxito.

El cantante de Iron Maiden, Bruce Dickinson, también le ha sacado jugo a esto de los negocios complementarios: es conferenciante de moda en el mundo empresarial, tiene su propia empresa de mantenimiento de aviones (es piloto), desarrolla los primeros drones comestibles del mundo, diseña su propia cerveza con el nombre del grupo que se vende actualmente en más de 50 países … ¡Eso sí que es Rock&Roll!

La economía colaborativa también se cuela en el mundo de la música. Grandes artistas consagrados colaboran con jóvenes que “lo están petando” en la actualidad. Ambos salen ganando: los veteranos vuelven a ser visibles y los jovencitos suman likes a sus ya rebosantes redes. Una de las últimas colaboraciones ha sido la de Madonna con Dua Lipa causando un gran revuelo ya que la cantante de “Like a Virgin” ni siquiera se digna a aparecer en el video.

Los AC/DC también tiene algo que decir al respecto. Con su álbum “Back in Black” (1980) vendieron más de 50 millones de copias. Son un grupo de culto al que siguen varias generaciones. ¿Cuántas de vosotras no tenéis alguna camiseta de AC/DC comprada en Bershka? No sólo viven de sus giras. El merchandising, o sus negocios alternativos (tienen hasta un crucero propio), les proporcionan grandes alegrías. El grupo amasa una considerable fortuna. De hecho los hermanos Young se encuentran entre las familias más adineradas de Australia.

Ellos ya lo decían en su canción “Moneytalks”: “Ámame por el dinero (…) Escucha la charla del dinero”. Y es que cuando se tiene, suena bien. Pero desgraciadamente, son muchos los artistas anónimos que jamás llegan a escuchar su sonido. Aunque de eso ya hablaremos otro día…

 

 

 

 

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En 1987 el grupo R.E.M. publicó su álbum “Document”. Contenía una canción que muchos de nosotros/as hemos bailado cuyo largo título me ha inspirado para el contenido de este nuevo post. Se llamaba “The End of the World as We Know (And I Feel Fine)”.

Y es que si algo nos ha traído toda esta movida del Covid-19 es el fin del mundo tal como lo conocíamos hasta ahora. En pocos meses nuestras vidas han dado un giro de 360 grados en todos los sentidos: familiar, laboral, económico, social, espiritual, etc.

La incertidumbre se ha instalado entre nosotros, y lo ha hecho para quedarse. Ante esta situación podemos actúar de dos maneras: viviendo constantemente angustiados o afrontando la situación y buscando soluciones que nos hagan sentir bien.

Nuestro cerebro no lo lleva nada bien. Como ya sabéis (seguro que lo habéis oído miles de veces), estamos programados para sobrevivir y todo lo que nos cree inseguridad, el cerebro lo interpreta como amenaza y tiende automáticamente a rechazarlo.

Pero hace ya muchos años que descendimos de los árboles, y pese a convivir con un cerebro primitivo, somos capaces de crear toda una serie de herramientas que nos ayuden a gestionar esa incertidumbre.

Decía el filosofo Voltaire allá por el siglo XVIII que “La incertidumbre es una posición incómoda, pero la certeza es una posición absurda”. Y es que pese a que nos cueste gestionar la incertidumbre, es absurdo pensar que podemos controlar y conocerlo todo. Y si no, basta con retrotraernos a marzo de este mismo año.

Hemos pasado por muchas fases: euforia (nos hacía cierta “gracia” vivir esa experiencia de estar metidos en casa), aburrimiento, ansiedad, estrés, miedo, apatía, tristeza… Permitidme que os diga algo: ¡Tenemos derecho a sentirnos mal! No soporto a esa gente que nos incita a vivir en un estado de felicidad perpetua.

El duelo hay que pasarlo, ahora toca aceptar la situación y adaptarnos a ella de la mejor manera posible. Habrá cosas que tendremos que posponer y otras que empezamos a hacer de forma diferente, como el teletrabajo o la formación online.

Vamos a aceptar cada día como nos venga y no pensar en lo que sucederá mañana, sino valorar lo que tenemos hoy. Así permitiremos a nuestro cerebro que se relaje: apaguemos ese ruido constante que no nos conduce a nada y aprendamos a sacarle jugo a la vida para vivir más tranquilos/as.

No pasa nada si un día estamos bloqueados/as, si no nos llega la inspiración o somos menos productivos. En momentos como esos lo mejor es desconectar y volver al “on” con la mente despejada.

¿Qué podemos hacer para gestionar esa incertidumbre?

Aquí os dejo algunos consejos para hacerle frente:

1.- Toma conciencia de la situación. ¿Dónde estoy? ¿Cómo y en qué me ha afectado esta crisis?

2.- Traza tu propio mapa. Márcate unas metas y objetivos. Planifica cómo vas a llegar a ellos, qué herramientas necesitas. En situaciones como la actual me gusta mucho hablar del mapa financiero-vital porque no hay nada que nos agobie más que el dinero. Cada uno/a tenemos nuestras circunstancias personales y financieras. Ese mapa nos ayudará a orientarnos y replanificarnos las veces que sea necesario.

3.- Pasa a la acción. La mejor manera para enfrentarse a un sentimiento o una emoción es ponerle un nombre y enfrentarte a ella. Traza un plan de contingencia en el que recojas lo peor que te puede pasar y cómo te vas e enfrentar a ello. Verás como tus miedos se disipan poco a poco.

4.- Aprende a aceptar los riesgos. El riesgo es algo inherente a la incertidumbre: intenta minimizarlo y acepta aquellos riesgos que no puedas eliminar.

5.- Muéstrate abierto/a al cambio. Stephen Hawking decía que “La inteligencia es la capacidad de adaptarse al cambio”. Las cosas suceden por algo. Bofetadas como esta, nos abren los ojos y nos permiten replantearnos muchas cosas.

Que nuestra actitud sea la de la canción de REM: “Es el fin del mundo tal como lo conocemos, y me siento bien”. Pues eso, empieza una nueva era llena de posibilidades: tomemos nota y aprovechémosla.

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“Ha pasado mucho tiempo desde el Rock and Roll (…) Oh, déjame recuperarlo”. Con estas frases empieza la canción de Led Zeppelin incluida en su álbum Led Zeppeling IV de 1971 y escrita por Jimmy Page (guitarra del grupo).

He querido titular así este post porque ese es precisamente el estado en el que me encuentro: tengo ganas de Rock&Roll.

Después de casi dos meses de confinamiento el Covid-19 sigue privándonos de los escenarios y la verdad es que tengo “mono” de subirme a ellos y darlo todo.

Pero pese a todo, sigo pensando que en los escenarios o fuera de ellos, hay que tener actitud rockera para afrontar esta situación.

Veréis, soy autónoma (ofrezco servicios de formación a empresas) y además cantante en un grupo de rock. Durante todo este tiempo mi actividad en ambos campos se ha visto drásticamente afectada.

Y me diréis… ¡Existe la formación online! Lo sé, pero a mí me van las personas y trabajar con ellas a través de una pantalla (aunque lo hago), se me hace raro.

Como yo, hay muchas personas que han visto mermados sus ingresos drásticamente o incluso, en el peor de los casos, han tenido que cerrar sus negocios.

Ante esta situación… ¿Qué podemos hacer?

Ahí es donde pongo en marcha mi filosofía de vida, que se ha convertido en mi tótem tanto a nivel laboral como personal y no es otra que la que denomino “Mi filosofía de las 3 R’s”. Hoy quiero compartirla con vosotros por si os puede servir de ayuda.

Estamos saturados/as de escuchar consejos sobre cómo debemos cuidarnos, primero durante el confinamiento y ahora a lo largo del proceso de desescalada.

Nos hacen poner en “modo zen” para que cuidemos nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro alma y poder afrontar mejor el estrés emocional al que nos estamos viendo sometidos.

Pues bien, mi propuesta es la siguiente: “Pasa del modo zen al modo rock con tres sencillas pautas”. Aquí es donde introduzco las 3 R’s a las que he hecho referencia anteriormente:

Primera R: Rock your life. “Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia de actitud” (Maya Angelou). La actitud ante las situaciones que se nos presenten en la vida, lo es todo. No podemos estar lamentándonos continuamente. Ahora es el momento de afrontar los problemas y plantarles cara. ¿Cómo?

Segunda R: Rock your mind. “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” (Albert Einstein). Replantéate tu modelo de negocio. En estos días estáis viendo como muchos negocios se están transformando. Hay muchos ejemplos, desde empresas textiles que han pasado de las colecciones de moda a confeccionar mascarillas o batas para el sector sanitario, a restaurantes que ofrecen servicio “take away” para que sus clientes sigan disfrutando de la comida que tanto les gusta. Dale caña a tu mente y pon en marcha tu creatividad para adaptar tu negocio a los tiempos que corren.

Tercera R: Rock your money. “El fin último en un proceso de toma de decisiones es común en todas las personas: la obtención de un beneficio” (Gary Becker). Y es que no nos engañemos, todos buscamos obtener una recompensa por lo que hacemos. Eso hace que nos sintamos mejor y alcancemos ese bienestar que tanto ansiamos. Si algo nos ha enseñado esta crisis sanitaria con respecto a nuestro dinero es que debemos aprender a organizarnos mejor, planificar nuestra economía para hacer frente a posibles imprevistos para que cuando lleguen, no nos quiten el sueño.

Así que ya sabéis, amiguitos/as: ha llegado el momento de sacudirnos las telarañas y pasar a la acción.

¡Larga vida al rock and roll!

 

 

 

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El pasado lunes 9 de marzo de 2020, la Bolsa de Wall Street cerraba durante 15 minutos: el índice más representativo del mercado- Standard & Poor’s (S&P)- alcanzaba su máxima caída permitida. El pánico al coronavirus se apoderaba del parqué.

Hemos entrado en barrena: el COVID-19 ha irrumpido en nuestra sociedad como un huracán arrasando todo a su paso. Hay muchas empresas afectadas por diversas razones: Apple por falta de suministros procedentes de China, LVMH o Microsoft por menor demanda de productos procedentes de Asia.

Se ven seriamente afectados sectores como las aerolíneas, las empresas relacionadas con viajes y ocio. Además debido a la contención de los viajes también se hace un menor uso de tarjetas de crédito, lo que afecta a empresas como American Express o Mastercard.

España es uno de los destinos turísticos por antonomasia. Alrededor de 84 millones de turistas extranjeros visitan nuestro país cada año.

Las perspectivas a corto plazo no son nada halagüeñas y el pánico se ha apoderado de todos nosotros: pensamos que todo puede ir a peor.

Ese miedo irracional es más contagioso que el propio virus y nos impide ver por ejemplo las grandes oportunidades de inversión que se están generando.

Mis queridos Sôber en su canción “Caída libre” dicen una frase con la que me identifico en estos momentos: “No consigo entender el porqué de algunas cosas”. ¿Qué nos ocurre? ¿Estamos en plena caída libre?

Vayamos por partes. Según la neurociencia, el miedo es una reacción natural: ante situaciones de amenaza, nuestro cerebro indica al sistema nervioso que actúe con el único objetivo de sobrevivir.

Hace miles de años, ese estado de alerta continua nos salvaba de una muerte segura. Pero no olvidemos que estamos en el siglo XXI, hemos progresado mucho desde nuestra época de las cavernas.

Si bien el miedo es una reacción natural, éste debe ser proporcional a la gravedad de la amenaza.

Los seres humanos nos caracterizamos por ser seres sociales. Nuestra empatía hace que los miedos colectivos sean frecuentes. Podemos pasarnos ese miedo unos a otros sin conocer con detalle la amenaza que ha provocado su origen.

¿A qué tenemos miedo? Sobre todo y por encima de todo, a la muerte. Pero también a la enfermedad, a lo desconocido… A todo aquello que nos genere incertidumbre. Incluso hay personas que hablan de oscuras teorías conspirativas por parte de nuestros mandatarios.

 

¿Es el momento adecuado para tomar decisiones? La respuesta es clara: NO. Precisamente ese miedo irracional que nos rodea, es propicio para que tomemos malas decisiones. En momentos de pánico la parte dominante en nuestro cerebro es la emocional, dejando de lado la racional.

¿Cómo podemos poner un poco de “cordura” en todo este lío? Lo ideal es encontrar el equilibrio entre ambas partes: la racional y la emocional.

Nuestro miedo actual tiene dos fuentes: la parte emocional- que mantiene activo ese miedo transmitiéndonos temor e incertidumbre-, y la parte racional. Desde ésta última podríamos hacer, por ejemplo, un listado de cosas objetivas que sabemos del virus y qué nos dicen los expertos (no el vecino del quinto) que podemos hacer para prevenir contagios.

Cuando el miedo se apodera de nosotros, dejamos de ver la parte positiva: la cantidad de gente no afectada o que ha salido curada tras la cuarentena, las personas expertas en salud volcadas al 100% en el cuidado y prevención, etc.

Conclusión: cuñados, amigos, vecinos y todos aquellos que hayan entrado en fase de descontrol absoluto, absténganse de seguir alimentando el alarmismo general. Hagamos caso a los profesionales que entienden del tema y aunque nos cueste, activemos el lado racional. Eso nos ayudará a disminuir muchos grados nuestro temor y a vivir un poco más tranquilos.

 

 

 

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Hace unos días, leí un artículo en prensa que “me llegó a la patata”. Versaba sobre la historia de un emprendedor valenciano que había decidido darle una segunda vida a “Don Algodón”, una de las llamadas “marcas zombie” (aquellas que vivieron su momento de gloria  y ahora son rescatadas).

Yo era “clienta top” de esa marca de ropa en los 90 y al leer esas líneas no pude evitar que me invadiera la nostalgia. De pronto, se empezaron a agolpar en mi mente las fotos de su creador Pepe Barroso (un pijo guaperas de la época) y de esas modelos “niñas de papá” que paseaban la marca en revistas y pasarelas: la preciosa Blanca Suelves, la explosiva Miriam Reyes…

Recordé los sábados por la mañana cuando visitaba la tienda con mi madre y mi hermana para comprar la ropa de temporada. En esa época veía “Sensación de vivir Beverly Hills, 90210”, estudiaba en la universidad y esperaba con ansia los viernes noche para salir de marcha con mis amig@s.

Para mí, la vuelta de “Don Algodón” no es la recuperación de una marca sin más: significa un flashback maravilloso al pasado.

Según la neurociencia, la comunicación de una marca que estimule las regiones del cerebro dedicadas a las emociones, será mucho más efectiva y aumenta las posibilidades de ser elegida con posterioridad.

Lo que me falta en este regreso de la marca al mercado es algún anuncio en el que por ejemplo una madre evoque esos recuerdos junto a su hija adolescente -ambas con sudadera Don Algodón-, escuchando a “Hombres G” frente a una taza de café con leche un domingo por la mañana.

En las madres que como yo hemos vivido intensamente esa época, se despertaría el ansia de comprar esa sudadera. No sólo para compartir con nuestros hijos/as esos momentos que nos hicieron tan felices, sino para volver a vernos como cuando teníamos 19 o 20 años.

Si queremos que nuestro producto o servicio llegue a nuestro cliente ideal, una de las estrategias que podemos utilizar es la de “tocarle la fibra” mediante estímulos (visuales, olfativos, auditivos, etc…) Las emociones asociadas a un determinado estímulo favorecerán el proceso de la memoria haciendo que nuestro producto resulte mucho más atractivo.

Usemos las emociones para conectar con nuestros clientes, dejémonos llevar por nuestros recuerdos volviendo a ese momento especial, mágico.

Está muy bien rescatar marcas del olvido para sacarlas de nuevo a la luz y que vuelvan a brillar como antes para que no nos olvidemos de ellas, para que volvamos a saborearlas como cuando empezábamos a descubrir eso que llaman juventud.

Como decían los Skid Row allá por los 90 en su hit “I Remember You”:

“Remember yesterday, walking hand in hand

Love letters in the sand, I remember you(…)” (“Recuerdo el ayer, caminando de la mano/ Cartas de amor en la arena. Me acuerdo de ti (…)”

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Un año más nos invade el “Black Friday” y en un mundo globalizado como este en el que vivimos ya no se trata sólo de una costumbre americana, sino que ha logrado extenderse mucho más allá.

¿Sabéis cuál es el verdadero origen del “Black Friday?. La primera vez que se mencionó este término fue el 24 de septiembre de 1869 para referirse al desplome del mercado del oro en Estados Unidos, dejando a muchos financieros de Wall Street en la más absoluta bancarrota.

En lo que se refiere a las compras, el “Black Friday” es el día después del “Thanksgiving” o Día de Acción de Gracias.

Se celebra el día siguiente al cuarto jueves del mes de noviembre. Ese día queda inaugurada la temporada de compras navideñas con importantes descuentos que incitan al consumo. ¿Para qué esperar si puedo comprarlo ya más barato?

Como veis su significado actual dista mucho de su origen real, pero lo hemos incorporado a nuestra cultura consumista.

Si a unas ofertas atractivas añadimos nuestra toma de decisiones emocional, la ecuación es perfecta.

Y es que compramos por impulsos, dejándonos arrastrar además por el “efecto manada”: “hago lo que hacen los demás porque si no quedo excluido/a del grupo y eso no me gusta”.

Para nuestro cerebro existen dos métodos diferentes a la hora de tomar decisiones que además están relacionadas con diferentes estructuras cerebrales:

  1. El método cognitivo. Es la forma racional mediante la que tomamos una decisión. Analizamos todo lo analizable, y posteriormente tomamos la decisión a la que podría llegar cualquier otra persona utilizando este mismo método.
  2. El método emocional. Este método “nos puede” literalmente. Según los últimos estudios, el acto de decisión de compra dura unos 2,5 segundos y hasta el 95% de las decisiones de compra se organizan en la parte subconsciente de nuestro cerebro.

Llegados a este punto, cabe preguntarse… ¿Por qué? ¿Qué nos lleva a que la mayoría de decisiones que tomamos cuando compramos sean emocionales?

Pese a que el método cognitivo sea una forma mucho más útil de tomar decisiones que el emocional, la balanza se inclina hacia este último. La “culpa” de que actuemos así la tiene nuestro cerebro más primitivo.

Hemos tenido que adaptarnos a muchos cambios en poco tiempo, pero no debemos olvidar que nuestro cerebro procede de un largo proceso evolutivo en el que sólo sobrevivían los/las que mejor se adaptaban.

Así pues, nuestro cerebro está desarrollado para la supervivencia y si queremos sobrevivir, debemos actuar de manera rápida: no vale eso de pararnos a pensar, porque si lo hacemos es posible que nos pique la serpiente venenosa o nos devore el león.

El entorno en el que nos movemos, ha cambiado mucho. Sin embargo, cuando nuestro cerebro se ve sometido a una presión, se activa nuestro “yo” primitivo y tomamos decisiones de manera emocional, simplemente para sobrevivir.

Eso lo saben muy bien los expertos/as en marketing, los/las comerciales, quienes se dedican a vendernos algo. Juegan con las luces, los colores, los olores, la música… Todo nos conduce a consumir y a hacerlo ya, sin pensar, dejándonos llevar por las emociones.

Los que tenemos hijos conocemos muy bien qué es eso de la presión: cuando todo el mundo se lanza a la vorágine de las compras navideñas (o pre-navideñas), no te puedes quedar atrás porque… ¿Qué pasaría si tu hija se quedase sin esa muñeca que ha pedido a Papá Noel? Hay que comprarla ya antes de que se agote.

Es muy fácil entrar en esa dinámica, y el “Black Friday” es una excusa más para no quedarnos “fuera de combate”. Lo necesitamos todo, ahora.

Pues bien, creo que este año voy a aplicarme aquello que decían los Steely Dan allá por los 70 en su canción “Black Friday”:

“Wen Black Friday comes (…) Gonna do just what I please (…) Gonna let the world pass by me.”

(“Cuando llegue el “Viernes Negro” (…) Voy a hacer lo que me plazca (…) Voy a dejar que el mundo pase por mi”).